Saltarse una sesión rompe el tratamiento
La mejora depende de la frecuencia. Un paciente que falta dos semanas no pierde solo dos citas: pierde terreno, y muchas veces ya no vuelve.
Un tratamiento son doce sesiones, no una. El problema no es reservar una cita: es sostener el mismo hueco cada semana durante tres meses sin que nadie lo rehaga a mano.
La mejora depende de la frecuencia. Un paciente que falta dos semanas no pierde solo dos citas: pierde terreno, y muchas veces ya no vuelve.
Los pacientes organizan su vida alrededor del martes a las 8. Meter eso doce veces, y moverlo cuando algo cambia, es donde se va el tiempo de recepción.
Un paciente asignado a un profesional concreto no se puede mover sin más a quien tenga un hueco.
Cada profesional tiene sus horas y sus tratamientos, así la agenda refleja quién puede atender a quién.
El recordatorio sale solo, que es lo que evita que un tratamiento de doce sesiones acabe en siete.
Las sesiones anteriores quedan con el paciente en vez de vivir en una hoja aparte.
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