El tiempo entre clientes no se factura
Cambiar la ropa de camilla, ventilar la sala y escribir tus notas son quince minutos que nadie pone en el calendario — hasta que a la tercera cita vas con retraso.
Tus manos son la capacidad. No existe una versión de este negocio en la que atiendas a más gente trabajando más rápido, así que la única palanca que queda es que las horas que sí trabajas estén realmente reservadas.
Cambiar la ropa de camilla, ventilar la sala y escribir tus notas son quince minutos que nadie pone en el calendario — hasta que a la tercera cita vas con retraso.
Quien viene cada cuatro semanas vale diez veces más que quien vino una vez. Pero ese ritmo solo sobrevive si algo se lo recuerda.
No puedes coger el teléfono con las manos en la espalda de alguien. Cada consulta que llega a mitad de sesión espera una hora, y algunas no esperan.
Mete el tiempo entre clientes en la duración de cada servicio, así la agenda refleja la sala ocupada, no solo el masaje.
Lo que reservó y lo que anotaste la última vez está ahí cuando vuelve.
Los clientes eligen hora de tu disponibilidad real sin interrumpir la sesión en la que estás.
Servicios, horarios y tu link de reservas en minutos. Plan gratis, sin tarjeta.
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